A vueltas con todo

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Me gustan las vueltas, las idas y venidas, hacer una mas, u otra más grande q nunca había hecho o pensado en hacer, una de esas “imposibles” q finalmente acaba formando parte de una de esas muescas q todos tenemos en la culata de nuestro revólver imaginario o tatuado, otros, en la piel.
Es algo íntimo, es un desafío personal, como un componente del Trioraculo diría, una auto-encerrona. Es la superación personal elevada a su máxima potencia. No hay competición, ni rivales q hagan más deseado ese recorrido, ni amigos para hacerlo más llevadero. Soy yo mismo, cada uno de nosotros, contra nuestra sombra, contra nosotros mismos, contra nuestra capacidad física y mental. Estos circuitos, estos entrenamientos “me ponen”.
Como no puede ser de otra forma tengo que pararme a pensar porque hago eso. Alguno pensará, son motivos (y razón) que estoy de la hoya, es lo que me he ganado. Pero analizando esos circuitos q hago, creo q existen 2 modelos y diferentes razones por los q los hago inconscientemente.
Uno, en el que intentó vencer la pereza y me voy tan lejos como puedo para tener que volver, ya sea por el mismo recorrido o dando una vuelta circular.
Luego estas esos otros, de menos entidad, con los que pretendo superar mis límites, o los que pensaban q eran mis límites. Recorridos en los que 1 o 2 vueltas ya son un buen entrenamiento, pero no me parecen suficiente y me lanzo a darles 2, 3 o 4 vueltas.
Estos son mis retos, mis desafíos continuos q suelo abordar en solitario y me dan suficiente confianza para afrontar la competición. La competición no como un reto, palabra tan de moda y maltratada, sino como un objetivo motivador , excitante, pero alcanzable.

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