Un pequeño susto que ya ha pasado

IMG_0984Mi “patata” me ha dado un buen susto esta semana. Siendo tan analítico, auto crítico, y buscando siempre la rendija por el que se me van parte del esfuerzo, hay cosas que dejo de atender por centrarme en otras. Soy un poco radical en algunos planteamientos y lo que dejo fuera de ellos casi lo olvido. Creo que tiene que ver con el problema anterior con la gente que me rodea, igual que me desentiendo de ellos lo hago de otras cuestiones.

Solía estar pendiente del pulso. Recuerdo cuando compré mi primer pulsómetro, allá por el 96. Era un POLAR Protrainer NV (lo acabo de buscar en internet y sí, es este). Recuerdo ponerme a estudiar con el pulsómetro de muñeca delante, ir a la universidad caminando y no dejar de mirarlo cada 30´ intentando entender los cambios en la frecuencia cardiaca. Siempre entrenaba con el, inclusive lo usaba para nadar en piscina, con la incomodidad que esto supone, todo con tan de visualizar mis latidos.

Bien, como todo este tipo de cosas, cuando ya sabes que ocurre a cada paso que das, dejas de atenderlo, ya no tiene sentido, excepto durante algunos entrenamientos, aunque para esto, después de 26 años practicando deportes de resistencia, conoces bien tus zonas de pulso de trabajo que casi puedes saber las pulsaciones que llevas sin llevarlo. Esto ha hecho, unido a dispositivos GPS y medidores de potencia, ha hecho que desviara la mirada del pulso.

Se que siempre lo he tenido bajo, que no era difícil contar 40ppm sentado en el trabajo, o leyendo un libro. Cuando tienes el pulso bajo, Bradicardia, tumbado en la cama percibes como el cuerpo se mueve con cada latido. Como hay un pequeño giro lateral, como cuando estás parado en un semáforo dentro del coche y un camión que pasa en sentido contrario hace que el coche se mueva. Ese movimiento es muy similar al que provoca el corazón en la cama. Pues, de unos meses a esta parte ese movimiento se intensificó y el otro día, tumbado en la cama se lo comenté a Pilar. Ella se puso a contar y dijo: “- Veintisiente!!!, con cierta alegría, algo despreocupada. “- ¿En cuantos segundos?”, contesté. “-Veintisiete por minuto!”

Me quedé algo sorprendido, al principio no me preocupó. Siempre he querido registrar las menores pulsaciones posibles. El pulso bajo está directamente relacionado con el tamaño del corazón y el corazón de un deportista de fondo debe ser grande para con menos movimientos poder suministrar el volumen necesario en el cuerpo durante la actividad deportiva.

Pocos segundo después me preocupé y envié inmediatamente un email a Alfonso comentándole el asunto.

A la mañana siguiente tuve su respuesta: “- MUY BAJO! Consúltale a Villegas” y eso hice. Acto seguido envié un email a Jose Antonio Villegas. Rápidamente me contesto diciendo que debía hacerme una ECOCARDIO, lo que ya me terminó de preocupar. Decía que no tenía porque haber problemas, pero valía la pena descartar. Su hermano trabaja con él en la clínica ZARAICHE, es un muy buen cardiólogo, unos de los mejores a nivel internacional, según sus propias palabras, y me recomendó que llamara y solicitara cita. Y eso hice.

Desde ese momento, lunes hasta el jueves, día de la cita, no he dejado de pensar, no en un problema de corazón, sino en las consecuencias de eso. He pensado en lo que podría ser una vida sin deporte y no he podido hacerme a la idea. No he dejado de entrenar, porque no me he notado nada anormal, pero también lo he hecho por aprovechar en caso de que me dijeran que temía que cesar la actividad.

Creo que no podría soportar esa situación, pero no es así. Casi todos tenemos la capacidad de adaptarnos a ese tipo de cambios y a otras situaciones peores. Tengo en mente algún amigo que vive pegado a una silla de ruedas y es una persona que irradia alegría, que ha sabido llevar las consecuencias de un accidente de tráfico que han hecho que tenga que estar sentado en esa silla. A veces, siempre, debemos levantar la cabeza, ver lo que tenemos alrededor, más o menos cerca, y sentirnos felices de la vida que llevamos y la gente con la que compartimos la vida. Todos tenemos problemas, muchos muy pequeños, pero la falta de problemas mayores hace que estas pequeñas tonterías nos hagan sentir mal. Voy a llevar al cole a mi hija cada día con mi mujer, y veo a gente por la calle disgustada con sus hijos porque no han desayunado, se han empeñado en ponerse unas zapatillas de deporte o llegan algo tarde porque se les han pegado las sábanas. Parecen enfadados con el mundo, como si mañana todo se fuera a acabar y esto me saca de quicio.

Debemos aprender a dar importancia a aquellas cosas que realmente son importantes, aquellas cosas que generalmente no tiene solución, muy pocas cosas, y solucionar, si se puede, o dejar pasar los pequeños problemas que nos rodeaba diario. No hablo de una actitud de ignorancia hacia ellos, pero si de relativizar su trascendencia en nuestras vidas y en las del resto de gente. Solo pensamos en nosotros, y cada día, la vida asesta duros golpes a mucha gente en el mundo y nos olvidamos de que es así.

Fui el jueves a visitar al Doctor Manuel Villegas. Me hizo una ECOCARDIO y mi corazón tiene un enorme tamaño, dobla el tamaño del corazón de mucha gente, de modo que su estructura es correcta, sobredimensionada para una persona sedentaria o con una actividad física ligera, aunque adaptada perfectamente al deporte que practico. También me hizo un ELECTRO. y sus funciones con correctas, de modo que puedo descansar, y entrenar tranquilo. Le comenté la dieta que llevo, una paleo con poca carne y le plantee si debería modificar algún habito alimenticio y me dijo que eso que hago era correcto. Que igualmente no debo dejar la actividad física a no ser que lo desee, aunque no me lo recomienda ya que los beneficios de la misma son mejores que la ausencia. Igualmente me recordó que este tipo de deportes no son del todo sanos.

En las conclusiones del informe médico escribió “corazón de atleta”. No se porque esa frase me hace sentir orgulloso, debo estar haciéndome mayor. Más mayor.

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