Los fantasmas no son más que molinos de viento, y el viento no va a poder conmigo. Ni contigo

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Dicen que no hay dos sin tres y eso espero que ocurra. Son dos las ocasiones en las que he volado a Lanzarote para participar en el IRONMAN que allí  se celebra y en las dos ocasiones me he retirado faltando entorno a una cuarta parte de la maratón, unos 12 kms de los 226 que completan esta competición.

Podría justificar mis retiradas perfectamente, como haría cualquier hijo de vecino, diciendo que es muy duro, que me pilla al inicio de la temporada, demasiado pronto, que el calor no me va bien, que el recorrido en bici es demasiado duro y todo eso es verdad, pero es igual para todos.

Todos los que allí  participan deben entrenar duro en bici los duros meses de frío invierno para poder tener el entrenamiento necesario para superar la prueba. Todos reciben la misma bofetada de calor cuando llegan a la isla al bajar del avión que les ha traído de la primavera a un verano húmedo y caluroso en poco más de 2 horas en el mejor de los casos. Todos cogen la bici y se esfuerzan, no sólo por pedalear, sino por no ser lanzados por los fuertes vientos que reinan en la isla al océano desde la bici. Todos sufren y llegan a meta exhaustos. La mayoría ha visto molinos de viento convertidos en gigantes que quieren arrebatarles un sueño que les pertenece y luchan contra ellos conseguirlo.

Muchos tienen una orientación objetiva hacia la prueba y hacia si mismos, y un comportamiento racional. Estos únicamente percibieron calor y sintieron las ráfagas de viento. Estos entrenaron duro en invierno para lograr superar estas vicisitudes.

Unos pocos, muy pocos, no ven gigantes. Tampoco permiten que sus sentidos se hagan con el control de su mente y al tiempo de su cuerpo. Estos pocos son capaces de dejar las sensaciones a un lado, inclusive la objetividad de los anteriores y logran que su mente se haga con el control de su cuerpo, anulando por completo sensaciones de dolor que no dejan de invadir su cuerpo. Y eso es lo que posiblemente les diferencia del resto. Una capacidad desarrollada, no innata, para acometer esa empresa tan complicada que es la gestión del dolor. Logran ver la realidad que quieren, son capaces, en momentos determinados, de desconectar del sufrimiento y el dolor que les invade en una prueba de esas características, para aislarse de ese exterior agresivo y del propio dolor. Se sitúan en otro plano en el que esas sensaciones, no dejan de ser más que eso, sensaciones.

Creo que este paso es el que me falta dar. Un paso hacia el control de mis sentidos, hacía la percepción del dolor.

Ya hace unos años que dejé de ver gigantes en aquellos caminos desconocidos que cada vez con más frecuencia solía recorrer. Dejé de ver luces en el horizonte y conseguir retos “legendarios”, que no dejan de ser hazañas personales..

De un tiempo a esta parte abordo proyectos concretos y me planteo objetivos que suelo alcanzar. Aquí prima la objetividad, el análisis, la planificación y el esfuerzo, deja de ser épico. No hay un control de la mente más allá que una lucha interna por hacerse con los “mandos”. Una lucha entre el reclamo de las sábanas caliente y el confortable sofá del salón de casa, y la constancia y sacrificio que supone realizar lo que debes o te has planteado, ya sea trabajo, estudios o deporte, para lograr tus metas.

Creo que esto, más que una cuestión de actitud, es una profunda reflexión que se debe interiorizar cada vez que te situes en la puerta de casa y decidas salir a la calle. No se trata de darle al vuelta a la tortilla, de crear un entorno positivo y motivador a tu alrededor, aunque el entorno sea hostil. De dejar que tus buenos pensamientos se apoderen de tu cuerpo, y anulen todos los sentimientos negativos.

supermanNo es como ponerse las zapatillas cuando sales a correr o vestir el casposo traje que te obligan a llevar en el trabajo, más bien se trata de pasar por la cabina de teléfono para cambiar esos atuendos un ceñido traje azul con un cinturón amarillo con una lustrosa capa roja y una “S” roja sobre un fondo amarillo en el pecho.

Es por lograr este control por lo que volveré a Lanzarote por tercera vez, no solo por terminar la prueba, sino por enfrentarme a las condiciones más duras a las que me puedo exponer, y alcanzar esa capacidad que debo haber conseguido en el camino.

#LIVELEARNLOVE

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