Arroz con leche PALEO o falso arroz con leche

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Cuando optas por una dieta de este tipo, algo restrictiva y que en principio debe suponer renuncias y cambios de hábitos, parece que uno debe dejar la mochila de recuerdos de toda la vida para recorrer un nuevo camino hacia el ascetismo provocando una ruptura con toda su memoria.

La memoria, los recuerdos, más si cabe en la cultura mediterránea, están ligados a aromas y sabores que nos traen a la mente imágenes de nuestras abuelas y madres en las cocinas elaborando sabrosas recetas para reuniones familiares. También, cuando pensamos en lugares que hemos visitado y viajes que hemos realizado nos vienen a la cabeza sabores de comidas o productos gastronómicos que hemos probado en ellos. Quien no recuerda de alguno de sus viajes un arroz al horno del interior de la provincia de Valencia, una arroz en costra del sur de la provincia de Alicante, un chuletón de Ávila, un cochinillo segoviano, una cerolla gallega, una tarta de Santiago, un salmorejo cordobés, una migas manchegas, unas papas con mojo….. y así mil platos de mil lugares.

Uno de esos sabores que tengo en la cabeza desde hace mucho tiempo es el arroz con leche. Dejé de comerlo hace tiempo. La leche, el arroz y el azúcar no son bienvenidos a mi dieta paleo.

Hace un tiempo estoy pensado en nuevas recetas y opciones para desayunos y postres. Ultimamente he renunciado a la carne, dejándola para un consumo ocasional, incrementado el consumo de pescado y vegetales. Esto limita las opciones para el desayuno, ya que solía tomar tostadas de pan de trigo sarraceno con pechuga de pavo. Pilar me cocinó un wok de verduras salteadas con atún. Como acompañamiento hizo un poco de trigo sarraceno hervido, aliñado con salsa de soja, sal, cayena picada y un poco de aceite. Me pareció una muy buena opción para substituir el clásico arroz oriental. Hablamos de lo acertado de ese plato y de lo sabroso que resultaba. Rápidamente pensé: ¿Porque no hacer un arroz con leche sin arroz y sin leche?

Ayer, aprovechando el frio en la calle y el calor de la chimenea me puse manos a la obra 😉

INGREDIENTES

– Leche de almendras, 2,50 0 3 vasos pequeños . Puedes usar de avena, soja…. la que más te guste o la que estés usando.

– Trigo sarraceno en grano, 1 vaso. Podrías usar quinoa, pero su precio en el mercado está haciendo que sea poco recomendable para una economía familiar estándar.

– Aceite de coco, una cucharilla “de café”

– Canela en rama y en polvo. Un par de ramitas, una por cada ración y una cucharilla “de café” de canela en polvo.

– Para endulzar las opciones más saludables son estevia (la cantidad dependerá del tipo de estevia que consumas) o tagatosa. Para el segundo, con una cucharilla de café sobra.

– Ralladura de limón. Intenta ser “fino” y procura cortar solo lo amarillo de la piel, la parte más exterior. Lo blanco aportara un sabor amargo no muy agradable.

ELABORACIÓN

1. Pon a calentar la leche con la piel de limón, la canela y el edulcorante que utilices en un cazo a fuego medio con la olla tapada

2. Enjuaga el trigo sarraceno.

3. Cuando la leche esté caliente vierte el trigo sarraceno. Mantén el fuego medio, incluso algo más bajo (5 o 6 sobre 10) y remueve cada cierto tiempo cuidando que no se pegue en el fondo de la olla. Puede haber un hervor muy leve y mantenido.

4. Cocina durante unos 45-50´.

5. Saca la olla del fuego y vierte el arroz en 2 pequeños recipientes (yo lo puse en 3 vasitos, pero me quedé algo corto con las raciones)

6. Dejar enfriar a temperatura ambiente para consumir o guardar en la nevera.

Para servir espolvorea algo de canela por encima. Si lo guardas puedes optar por calentarlo antes de servirlo, el frío invita a tomarlo algo calentito 😉

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